Muchos os preguntaréis qué me llevo a empezar un blog tras tres meses de estancia el Chile. La historia es algo larga, pero creo que merecerá la pena.
Cuando vino A de visita, la primera noche nos fuimos a cenar a casa de las chicas, cena en la que estuvimos N, mi querido gringo-mexicano, el Pelícano, S, A y yo. P se había ido a Mendoza (Argentina) por cuestiones legales, y G estaba en el cine con Fi, su pololo, que había venido a pasar unos días a Santiago. La cosa es que después de cenar, N, A y yo bajamos a la botillería a por un poco de pisco y cocacola, para celebrar que en unas horas entraría en la veintena. Total que entre las botellas de pisco, S nos contó algo que yo no sabía por aquel entonces; en los supermercados de Chile, está la típica figura del joven que mete tu compra en bolsas, y las ordena. Pues lo que yo no sabía era que ellos no cobraban, sino que su "sueldo" eran las propinas que los compradores les dejaban.
Evidentemente, después de esto no podía seguir sin dar propina a esos pobres esclavos del consumismo, así que la siguiente vez que fui a hacer la compra, yo llevaba un par de monedicas en el bolsillo, para sentirme algo más humana. Cuando llegué a casa, empecé a ordenar la compra, y en una de las bolsas, había otra más pequeña enroscada; tampoco le di demasiada importancia, hasta que la abrí. Ahí estaba mi media docena de huevos, con tres de ellos rotos.
Al poco rato me llamó mi mamá por skype, y le conté lo que me había pasado. Estuvo riéndose de mí unos diez minutos. En ese momento me di cuenta: ¿por qué se tiene que reír solo ella de mí? ¿Por qué no todos mis conocidos? Así nació este blog.
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