martes, 27 de noviembre de 2012

La razón del blog


          Muchos os preguntaréis qué me llevo a empezar un blog tras tres meses de estancia el Chile. La historia es algo larga, pero  creo que merecerá la pena.
          Cuando vino A de visita, la primera noche nos fuimos a cenar a casa de las chicas, cena en la que estuvimos N, mi querido gringo-mexicano, el Pelícano, S, A y yo. P se había ido a Mendoza (Argentina) por cuestiones legales, y G estaba  en el cine con Fi, su pololo, que había venido a pasar unos días a Santiago. La cosa es que después de cenar, N, A y yo bajamos a la botillería a por un poco de pisco y cocacola, para celebrar que en unas horas entraría en la veintena. Total que entre las botellas de pisco, S nos contó algo que yo no sabía por aquel entonces; en los supermercados de Chile, está la típica figura del joven que mete tu compra en bolsas, y las ordena. Pues lo que yo no sabía era que ellos no cobraban, sino que su "sueldo" eran las propinas que los compradores les  dejaban. 
          Evidentemente, después de esto no podía seguir sin dar propina a esos pobres esclavos del consumismo, así que la siguiente vez que fui a hacer la compra, yo llevaba un par de monedicas en el bolsillo, para sentirme algo más humana. Cuando llegué a casa, empecé a ordenar la compra, y en una de las bolsas, había otra más pequeña enroscada; tampoco le di demasiada importancia, hasta que la abrí. Ahí estaba mi media docena de huevos, con tres de ellos rotos. 
          Al poco rato me  llamó mi mamá por skype, y le conté lo que me había pasado. Estuvo riéndose de mí unos diez minutos. En ese momento me di cuenta: ¿por qué se tiene que reír solo ella de mí? ¿Por qué no todos mis conocidos? Así nació este blog.

Destino II: La Serena



          La segunda semana de septiembre las universidades de Chile dan fiesta, ya que el 18 se celebra la independencia. Así que aprovechamos para hacer una escapadita a La Serena, en la cuarta región de Chile. Así que tomamos un autobús, y nos fuimos p'al norte*. Esta vez fuimos G, S, P, y el Pelícano. 
          Eran como unas 6 horitas de viaje, así como de Pamplona a Barcelona. El viaje fue más llevadero para unos que para otros, por ejemplo, el Pelícano estiró los pies por el pasillo, y se acomodó sobre el hombro de su acompañante (al que no conocíamos de nada), y cuando vino el revisor, (porque en Chile es así, pasa un revisor que te pide hasta el número de zapato) el pobre hombre le tuvo que despertar, y al Pelícano casi le da un infarto. Otros, como yo, tuvimos que aprovechar el viaje para hacer un trabajo que debía  entregar al día siguiente; quién me mandaría a mí. El despertar fue uno de los mejores que S recordará en su vida; el azafato del autobús le arrancó la manta, le encendió la luz, y puso la música de Marengo un sábado a las 6 a.m. pues esa hora era.
          Tomamos un taxi que nos llevó hasta la casa donde nos alojaríamos, que era la de la hermana de C, el  dueño de casa  de las chicas. Mientras esperábamos que ella nos abriera la puerta, S despertó a todos los perros del vecindario que empezaron a ladrar como locos. Durante esos días habitamos en el piso de arriba de la casa, ya que el de abajo era un restaurante vegetariano. Fue una estancia en una suit de lujo, y como fieles compañeros un perro y dos gatitos que se metían en la cama del Pelícano. Cuando nos asentamos en las habitaciones, G y P se fueron a Vicuña, S y el Pelícano se tumbaron a dormir, y yo me quedé terminando mi maravilloso trabajo.  Cuando nosotros tres estábamos listos, nos juntamos con ellas en Pisco, donde,  como no podía ser menos, nos tomamos un pisco fresquito**. 
          Al día siguiente contratamos un tour que nos llevó a la Isla de Damas y a la reserva natural de Humbold. Con paisajes de documental, y donde vimos pingüinos, delfines, pelícanos y leones marinos. Finalmente nos llevaron a comer a un sitio bien una empanada y pescadito, y nos devolvieron a casa para la hora de la cena.
          El tercer día la hermana de C nos dejó su coche, así que lo llenamos de gasolina y nos lanzamos a la carretera. Estuvimos en Coquimbo, y en Tongoi, donde terminamos comiendo en un chiringuito a pie de playa. Allí se nos juntó un hombre que P y G habían conocido en La Serena, bastante pesado, por cierto, pero al menos nos invitó a una botellita de vino blanco.
          El último día, con pena de irnos ya, nos acercamos a comer al mercado de La Serena. Finalmente tuvimos suerte, y el amable taxista que nos llevó de vuelta a la estación de autobús nos hizo un tour: "Liceo de niñas, una cuadra; liceo de niños, una cuadra; está  casa... tiene cientos de años, arte, es arte...". Al llegar a la estación de bus nos dijeron que al final viajaríamos en cama, lo cual no nos apenó lo más mínimo. Y la cosa mejoró con la llegada del pintor, pero ya habrá tiempo para hablar de eso; creo que se merece un post propio.

* Algo así, como Run Run en la canción de Violeta Parra, pero no tan al norte.
** El pisco es una bebida que proviene de la uva, y es el trago típico de Chile y Perú.
*** Ahora no me deja subir fotos, pero lo haré más tarde, lo prometo.

miércoles, 14 de noviembre de 2012

Volver a empezar, otra vez.




El último día de julio, la universidad nos citó a todos los estudiantes extranjeros para una reunión, y ahí estábamos S, G y yo, corriendo por las calles de Santiago para no llegar tarde, café en mano, como si fuéramos las protagonistas de Gossip Girl*. La reunión fue súper aburrida. Así que os libraré de horas y horas de circo y ridículo por  parte del grupo de recepción de alumnos extranjeros. Solo algo que señalar; cuando  llegué no podía elegir ninguna de las asignaturas que me habían ofrecido en la pre-matrícula. Ahí empezó mi batalla por los créditos, las asignaturas, cuadrar horarios, la movilidad entre campus... batalla que duró hasta el 10 de octubre, cuando pude respirar tranquila.

          Aquel día, tras la larga jornada, al llegar a casa, tenía una sorpresa. El Pelícano había llegado ya; no me demoro más en su presentación, él es un chico de Benidorm, que estudia en Madrid, y se ha venido a Santiago (chicas, está soltero –me pidió él que hiciera el apunte-). Con él compartí mis dos primeros meses de enclaustramiento en la “residencia”, que por cierto acabamos allí por  culpa suya, ya que me puse en contacto con él desde Pamplona, pusimos en común residencias, y nos acabamos decantando por esta que había elegido él.**

          La mañana siguiente, tuve “visita guiada por el Campus San Joaquín” (Campus de letras que queda súper lejos de todo.), y como no quería ir sola, le engañé al Pelícano, así que le acompañé en su primer paseo por Santiago, en el que ya de paso, se compró una guitarra con la que me estuvo torturando los dos primeros meses de estancia.


*Ya que sale la serie, aprovecho para decir que G se parece mucho a Serena de Gossip Girl.
**Pese a todo no le guardo rencor, que es quien más me soporta en este viaje.

jueves, 8 de noviembre de 2012

Destino: San Pedro de Atacama



A la semana de estar en Santiago, antes de empezar el curso, S y G decidieron darse un capricho, y como no podía ser menos, acabé por apuntarme. Tenía lugar nuestra primera excursión, nos íbamos a San Pedro de Atacama.

          San Pedro es un pueblo cercano al desierto de Atacama,. El viaje fue sencillo y si problemas, avión y bus, y ya habíamos abandonado la selva de asfalto, en favor del árido desierto. Nos alojamos en un hostal bastante normalito, en una habitación compartida. Nada más llegar reconocí a dos de nuestros compañeros de habitación como un par de chicos que estuvieron viviendo por unos días en mi "residencia", pues habían ganado un premio en que viajaban por distintos lugares del mundo, y solo debían grabar vídeos de los lugares que visitaban*. También tuvimos la oportunidad de conocer cuán pesados pueden ser los latinos, y hasta qué punto invaden el espacio de uno... Y se supone que los chilenos son más calmados, pues ahí estaba yo, moza del norte, y no sabía como mandar a la mierda al dueño del hostal, sin pasarme, lo mismo pasó a S y G, no os penséis.

Pukará de Quitor (G)
        La primera tarde decidimos dar un paseito por el pueblo, y nos acercamos hasta la pukará de Quitor, un fuerte construido por los atacameños para defenderse de otros pueblos. Aquel día fue bastante light, y más bien de planificación. El segundo día contratamos un tour (porque así es todo allá, no te permiten ir por cuenta propia) con que visitábamos el salar de Atacama, y las lagunas altiplánicas. La verdad, lo más significativo de este tour, aparte del impresionante paisaje del salar, fueron los flamencos, verlos tan cerca.  Aquella noche no tuvimos mejor idea que juntarnos a un brasileño, un sudafricano amante de los vegetarianos que nos dejó perlas como "chiken is not meat, it's salad" y un gringo que estaba pasando el verano en Santiago con su hermana, en el hostal, a tomar unas cervezas. Fue mi primera oportunidad de practicar el inglés**. El ambiente en el hostal mejoraba por momento.


Salar de Atacama (S)


Flamenco en el salar de Atacama (S)


          La mañana siguiente nos juntamos con E, F, un chileno con el que luego tendríamos más contacto; Fr, alemana que estaba en los últimos meses de su viaje de un año en Santiago, y V y Au, una pareja argentina realmente encantadora. Alquilamos unas bicis (si, anduve en bici, aunque no podáis creerlo) y visitamos el valle de la muerte (donde un buen hombre nos acabaría dejando su tabla para hacer sandboarding) y el valle de la luna, donde vimos anochecer. Lo admito, no llegué a este último, sino que Au paró un coche para que me subiera a la cima; mi peso pluma no me dejaba avanzar por mucho que pedaleara.

Valle de la luna (S)


          El último día, todos menos F, que ya se había marchado, hicimos un tour a los geisers donde a parte de morir de frío disfrutamos de la buena compañía, y un guía que presumía haber descubierto miles de cosas. Pero lo que más recordaremos de aquel día es el haber comido las mejores empanadas de queso del mundo. 

          El viaje llegaba a su fin, y volvíamos a Santiago. En el aeropuerto, tras horas sin dormir, a S y a mi se nos empezó a ir la cosa de las manos, y acabamos haciendo el imbécil en mitad del aeropuerto mientras G se avergonzaba de nosotras. La mañana siguiente nos esperaba nuestro primer día de clase.


* Pondré el link de su página para que le echéis un ojo.
** Madre, lo que se oxida un idioma.
*** Fotos robadas a G y S, dadles las gracias.
**** Todavía no le tengo el truco pillado a esto de añadir fotos. Prometo mejorar.

domingo, 28 de octubre de 2012

Mi reino por un kebab II



Hace una semana escribía que no había ningún kebab decente en Santiago. Pues bueno, todavía hay esperanza. El pasado viernes, mientras esperaba a J, chileno que conocimos de carrete y que me ayudó a conseguir la casa en la que vivo ahora, en el metro Manuel Montt, el cielo se me abrió, pues ante mis ojos ahí estaba, algo sucio, con dos enormes trozos de carne grasienta clavada en un palo dando vueltas sobre sí misma, y un cartel que rezaba "döner kebab". No pude hacer otra cosa que escribir en el momento un mensaje al Pelícano*, había encontrado la felicidad en forma de kebab. El paraíso existía, y era moro.
          He de decir que no disfrute de dicho manjar en ese momento, pero es una cita pendiente que tengo con el Pelícano. Pero aseguro escribir sobre los resultados obtenidos. Eso sí, antes hablo y antes aparece... He de apuntar también que estoy muy indignada porque en las calles de Santiago no he visto todavía a Johnny Depp cargando una mochila llena de tabletas de milka**.
          Nada más que decir que ¡Viva el durum!

*Paciencia, todavía no ha llegado el momento de su presentación. Y no, no es el Pelícano por la papada.
**A mí no me miréis, si cuela, cuela. Aunque en realidad me conformo con el chocolate.

Ocio chileno: Los cafés con piernas



Un día en que las chicas y yo nos disponíamos a buscar un sitio donde tomar un café (o pseudo café, porque lo que se toma aquí en Santiago no se puede llamar de otra manera), tras muchas vueltas encontramos un lugar que parecía decente, por lo que decidimos entrar. G entró la primera, y se quedó paralizada nada más cruzar la puerta, pidió perdón y lo justo dijo "nos hemos equivocado" antes de cerrar la puerta. Nos habíamos topado con un café con piernas. A lo largo de nuestra expedición en busca de una cafetería, nos dimos cuenta de que en el centro hay más cafés con piernas que cafeterías convencionales. Cuando A* vino de visita, ante la anécdota, miró a través de las cristaleras de uno para terminar afirmando "sí que tiene piernas, si"**.

          Como es de suponer, un café con piernas es un lugar en que las camareras llevan muy poca ropa a la hora de servir el café; la barra es hueca por la parte de abajo, de manera que no tengas problema para disfrutar de las vistas. Podemos hablar de dos tipos de café con piernas (dentro de los cuales los habrá de mayor y menor prestigio) por un lado tenemos unos que por fuera tienen apariencia de cafetería normal, con unas grandes cristaleras transparentes y muy bien iluminados, por lo que no se hace extraña nuestra confusión; y luego tenemos un tipo menos discreto, con los cristales tintados, y reggaeton a todo volumen que sale cada vez que se abre la puerta, pero lo más curioso es que sus carteles luminosos indican "café" (en mi calle hay tres de este tipo, y aseguro que están abiertos en uno horario como de 10 a 20 horas).

          Como nos contó más adelante C, el dueño de casa de las chicas, es común tomar decisiones de negocios en este tipo de establecimientos, ya que se considera que existe una mayor confianza al compartir con el cliente una "debilidad". Como todos supondréis, y creo que no hará falta aclarar, en estos sitios se ofrece algo más que café (aclaro, por si acaso). Lo que más me llamó la atención era que estuvieran tan a pie de calle, en áreas de oficinas, y con el mismo horario que estas.
          Pasa un día más en la gran Santiago, y esto no deja de sorprenderme.

*No sé si para referirme a la gente de Pamplona tengo que seguir utilizando la nomenclatura de las iniciales.
**Sé que en cuanto el interesado lea esto, rodarán cabezas (la mía para ser exactos).

miércoles, 24 de octubre de 2012

Mi reino por un kebab



El día que conocí a M, S y P, había quedado con G para comer, y nos juntamos todas. Ellas acababan de llegar a Santiago. M solo a pasar unos días, ya que es estudiante de intercambio francesa, pero estudia en la universidad de Valparaíso, pero S y P, italiana (y de las de verdad, qué carácter) y francesa (dulce como una cucharadita de manjar)* respectivamente, se quedarían en Santiago también por cinco meses, y a día de hoy comparten piso con G; pero ya hablaremos en otro momento de ese piso.

          Aquel día estuvimos por Paseo Huérfanos buscando algún sitio para comer, y encontramos algo parecido a un kebab. La verdad, muy limpio y luminoso me pareció para ser uno, pero oye, quién sabe, igual en Santiago (aparte de las cervezas de un litro) tenían la mejor gastronomía de comida rápida en perfecta armonía con la higiene. Pero como podéis suponer por el título, no fue así. Tras la barra no nos aguardaba un moro con esa sonrisa extraña cuando te dicen "la naranjada es gratis" y desde entonces nadie da un sorbo; pero lo mas intrigante de todo fue que, señores, la carne del kebab, era de verdad. Eran verdaderos trozos de pollo o de ternera, no lucía en el escaparate esa masa de carne de rata dando vueltas en un palo. La verdad, una desilusión.

          Unas semanas más tarde, o quizás fuera un mes, decidí arriesgar de nuevo, y esta vez el Pelícano (no, no os lo voy a presentar todavía) y yo, tras una cerveza en Bellavista, nos arriesgamos a entrar en otro kebab, que parecía algo más sucio. Yo mantenía la esperanza de encontrar ese manjar de dioses.Pero todos mis sueños fueron frustrados. De nuevo, carne de verdad.

          A día de hoy sigo buscando un sucio kebab, pero ya casi he perdido la esperanza.

* Me permito semejante moñería porque la verdad, ¡hay que verla!
** Tranquilos, sobre todo mi hermana, hay mucha comida basura por aquí que más quisiéramos en Pamplona. No estoy perdiendo la curva de la felicidad.