El
último día de julio, la universidad nos citó a todos los estudiantes
extranjeros para una reunión, y ahí estábamos S, G y yo, corriendo por las
calles de Santiago para no llegar tarde, café en mano, como si fuéramos las
protagonistas de Gossip Girl*. La reunión fue súper aburrida. Así que os
libraré de horas y horas de circo y ridículo por parte del grupo de recepción de alumnos extranjeros. Solo algo
que señalar; cuando llegué no podía
elegir ninguna de las asignaturas que me habían ofrecido en la pre-matrícula.
Ahí empezó mi batalla por los créditos, las asignaturas, cuadrar horarios, la
movilidad entre campus... batalla que duró hasta el 10 de octubre, cuando pude
respirar tranquila.
Aquel
día, tras la larga jornada, al llegar a casa, tenía una sorpresa. El Pelícano
había llegado ya; no me demoro más en su presentación, él es un chico de
Benidorm, que estudia en Madrid, y se ha venido a Santiago (chicas, está
soltero –me pidió él que hiciera el apunte-). Con él compartí mis dos primeros
meses de enclaustramiento en la “residencia”, que por cierto acabamos allí
por culpa suya, ya que me puse en
contacto con él desde Pamplona, pusimos en común residencias, y nos acabamos
decantando por esta que había elegido él.**
La
mañana siguiente, tuve “visita guiada por el Campus San Joaquín” (Campus de
letras que queda súper lejos de todo.), y como no quería ir sola, le engañé al
Pelícano, así que le acompañé en su primer paseo por Santiago, en el que ya de
paso, se compró una guitarra con la que me estuvo torturando los dos primeros
meses de estancia.
*Ya que
sale la serie, aprovecho para decir que G se parece mucho a Serena de Gossip
Girl.
**Pese a todo no le guardo rencor, que es quien más
me soporta en este viaje.
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