miércoles, 24 de octubre de 2012

Imposible que sea el mismo idioma

Llevaría ya unos cuatro días en Santiago cuando L y yo decidimos ir a tomar algo con G y Sa, os la presento, una estudiante de intercambio alemana, realmente dulce. Después de un rato paseando buscando dónde tomar una cerveza, fuimos a Bellavista. Allí, a pesar de ser invierno, nos sentamos en la terraza. El camarero se acercó a nosotras, y nos preguntó qué queríamos. Hasta ahí todo bien. El problema llegó cuando nos recitó de carrerilla la carta de cervezas. Las cuatro nos miramos sin entender nada. Como L ya llevaba más tiempo, consiguió descifrar el nombre de una cerveza, y esa acabamos por pedir; cuatro cervezas. En ese momento a L se le iluminó la bombilla, y cambió la demanda a dos cervezas. Yo me quedé extrañada, pero la verdad, estaba demasiado cansada como para pensar, yo solo quería una cerveza. Pero menos mal que lo hizo, pues las cervezas son de un litro. En ese momento sentí que no había mejor lugar en el mundo que Chile. 

No obstante, el momento de mayor terror (pues en esto de los primeros días en Chile el terror era un sentimiento bastante común; sentías terror la primera vez que se te quedaba el ordenador sin batería y descubrías que necesitabas un adaptador, lo sentías cuando descubrías que no todos los pasos de cebra tienen semáforo, sino que tienes que fijarte en los de los cruces cercanos, cuando te habla la dependienta de un supermercado, etc) fue nada más pedir. Cuando el camarero, a una velocidad de vértigo y sin apenas vocalizar (porque creedme, ni yo que me he criado con un hermano con el que se necesitan subtítulos, era capaz de entender nada) dijo algo así como: "dos chelas, cancelan al tiro, por favor." En ese momento dos pensamientos aparecieron en mi cabeza: "¿En qué mierda de idioma nos está hablando este tipo?" y "¿Esto va a ser así por estos cinco meses?" G y Sa nos miraban como diciendo "Es vuestro idioma, vosotras sabréis qué han dicho" yo no sabía si reír o llorar, pero por suerte L conocía algo más de la jerga chilena, y nos sacó del apuro.

Porque bueno, así son los chilenos. Agarraron el español, y no conformes, decidieron cambiar el máximo de palabras posibles. Así chela es cerveza, al tiro: al momento, cancelar: pagar, palta: aguacate, choclo: maíz, pololo: novio, cuico: pijo, cachar: entender, peludo: turbio, guata: tripa, bacán y cuático: guay, frutilla: fresa... La verdad, un escalofrío lingüístico para cualquiera que se tercie. 

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