martes, 23 de octubre de 2012

Primeros pasos


Era sábado, y me desperté en una habitación que no era la mía, y que ya dejaba de parecerme tan perfecta. La ventana pequeñísima ventana no cerraba bien, la puerta que daba directamente al patio interior, no encajaba del todo, y el colchón tenía una incómoda forma de cuenco, y tras la primera noche ya me dolía la espalda. Achaqué todo a los nervios de la llegada.

L vino a buscarme a casa, y con algo más de lucidez que la tarde anterior al bajar del avión, dimos juntas mi primer paseo por Santiago. Cerca de mi casa había una gran avenida en la que podría encontrar todo lo que quisiera, y con gran avenida quiero decir que a buen paso podías tardar una hora en recorrerla.

Los edificios eran increíblemente bajos, demasiado bajos para ser una capital, pensé yo. Los perros abandonados superaban casi en número a la gente que paseaba por la calle, y algunos descansaban tumbados a sus anchas en cualquier lugar, como si la ciudad fuera suya, pero respetaban al máximo los semáforos. El aire era pesado, y lo sigue siendo; todavía me cuesta acostumbrarme al salir de casa y respirar tanto humo. Las calles eran increíblemente sucias, como un kebab gigante. En los tres meses que llevo aquí todavía no he visto un solo camión de estos que cada día a las 8 de la mañana pasaba por debajo de la ventana de mi habitación en Pamplona. Quizás es por eso que todos los edificios son grises, y el suelo es como el de los garajes, que no lo tocarías ni por un puñado de dólares.

La dueña de la casa me había prestado un teléfono móvil para mi estancia, pero como era de esperar, no tenía nada de saldo. Ella me dijo “ponle minutos en una farmacia” tardé como unos diez minutos en descifrar el mensaje; no sé si se me antojó más extraño eso de “ponle minutos” o el hecho de que para recargarlo había que ir a una farmacia. Visité por primera vez una farmacia chilena, que se corresponde más con los pasillos de higiene de un supermercado, y puedes encontrar de todo. La broma de “cualquier cosa que busques la encontrarás en una farmacia” duró entre G y yo mucho tiempo. Hasta el punto era esto, que un día que a S no le apetecía salir de casa, nos pidió al Pelícano y a mí que de la que llegábamos a su casa, le comprásemos tabaco; como el supermercado estaba cerrado, hicimos la siguiente deducción: “si en España el móvil se carga en un estanco, y en Chile se hace en una farmacia, ante la ausencia de estancos, podrás comprar tabaco en una farmacia”. Así pensado en frío, suena completamente incongruente, pero en su momento nos pareció lógico (dentro de la lógica reinante en Chile, que es bastante... curiosa).

Chile funciona así, pueden ser las 9 de la noche y tener los bares cerrados, también el Burger King, Mc Donnals, etc pero las farmacias nunca duermen. Entre eso y la gran variedad de farmacias que puedes encontrarte, a veces pienso que la economía chilena se sustenta en ellas. Prometo fotos, para que veáis que no exagero.

Aquel día L y yo nos permitimos comer fuera de casa, y probamos por primera vez el pisco sour, combinado típico, cuya invención se disputa entre Chile y Perú (esa continua confrontación). Se trata e un combinado a base de pisco, bebida de 35º proveniente de la uva, Sprite, y según las malas lenguas, algo de clara de huevo para engordar la mezcla. Dimos un largo paseo para bajar la comilona, y la oscuridad pronto se apoderó de la ciudad, el segundo invierno de 2012 había llegado para mí.

El jet lag pronto hizo aparición en mi día, y me permití retirarme pronto a casa. Por su culpa estuve una semana despertándome a las 6 de la mañana.

*Tranquilos, todavía no he presentado a S ni al Pelícano, cada cosa a su tiempo.
            ** Me voy a permitir el lujo de que el Pelícano sea el único personaje con nombre, que para algo es mi blog, oye.

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